Después
de mucho tiempo tragando insultos, desagrados y tomaduras de pelos de nuestros
hermanos mayores, siempre hay un momento en nuestra vida en el que maduramos.
Justo en ese momento y en ningún otro es cuando nos damos cuenta de que después
de todo eso, al fin y al cabo solo querían hacernos saber que la vida no es solo
vivir y disfrutar. En la vida se presentan también obstáculos por los que
debemos pasar, empezando por el primer empujón de tu hermano solo por que se
aburría o por la primera pelea por el mismo juguete. Pues quien no ha aprendido
a dar sus primeros golpes o a decir sus primeros insultos simplemente con
recibirlos de esa persona a la cual, odiábamos tanto y a la cual teníamos que
soportar todos los días en casa. ¿Es un tanto redundante verdad? Eso de que nos
esté pasando algo malo y sin embargo se aprendan miles de cosas de ello. Lo que
no sabemos es que justo cuando llegamos a la madurez y empezamos a pensar como
verdaderamente mejor se nos da, es cuando nosotros empezamos sin querer a
enseñar a nuestras personas más queridas, lecciones que ellos ni aun a su
avanzada edad han conseguido comprender. Y que tú, con tu inocencia aun un
tanto presente has conseguido enseñarle, no por propia voluntad sino sin
quererlo, justo como esa persona que tanto nos fastidiaba de pequeños. Nuestro
hermano mayor.
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